Busca sobrevivir a la Celda 211
La vida pasa del cielo al infierno en un segundo para el joven Juan Oliver.
Un día antes de ingresar a laborar como custodio en una prisión, visita el lugar
para "aclimatarse" y conocer lo que será su nueva vida, pero se ve atrapado en
un motín, liderado por el reo más peligroso, el brutal "Malamadre". Ahí, Juan
deberá aprender a mentir, y hacerse pasar por un preso, si no quiere ser
asesinado.
Esta es la trama de la cinta española Celda 211, el cuarto largometraje de
Daniel Monzón, con el cual ganó ocho premios Goya, entre ellos Mejor Película.
"Siempre me han conmovido las tragedias", dice el cineasta vía telefónica
desde España, "ver cómo vidas felices, de pronto, por un giro del destino
aciago e inesperado, se van por un sumidero en apenas un puñado de horas".
Dentro de la prisión, Juan Oliver (Alberto Ammann), en su nuevo papel, arriesga
el pellejo y ayuda a las autoridades a que las cosas no se salgan de control.
Pero cuando comprende que tan sólo es visto como una ficha de ajedrez y es
desechable, decide sumarse a la causa de "Malamadre" (Luis Tosar) con
convicción y mutar de ángel a diablo.
"Si la película dispara con bala hacia algún sitio es hacia la manipulación, de
cómo el poder que en principio surge para proteger al individuo, en el momento
en que se ve peligrar, se olvida del individuo para perpetuarse y llega a
eliminarlo de la ecuación", añade.
Las dificultades de Celda 211, filme basado en la novela homónima de
Francisco Pérez Gandul, no fueron pocas, comenta Monzón, pues el reto era
contar una historia llena de adrenalina, que ocurría en un periodo muy corto y
en un espacio cerrado, con la consigna de mantener siempre en tensión al
público.
Para dar realismo al filme, Monzón utilizó como extras a ex reos de verdad, y
hasta llevó el rodaje a la prisión abandonada de Zamora, cuyas celdas de
castigo, marcadas por arañazos de los presos que habían estado ahí, servían
de inspiración a todos para entrar en la dureza de sus papeles.
"Quería que la película llegara al espectador desde una apariencia casi de
falso documental, como si estuviera asistiendo a un noticiero de televisión,
quería que todos estuvieran con Juan Oliver en la prisión".
Más allá de las traiciones y muertes en pantalla, la magia de Celda 211, opina
el director, se debe a haber conjuntado a actores veteranos como Carlos
Bardem y Luis Tosar, este último llamado por algunos el "Robert de Niro
español", con el debutante Alberto Ammann, y conseguido interpretaciones
donde el blanco se convierte en negro y el negro en blanco.
Celda 211 parece ser el gran referente del cine español este año, y hay
quienes hablan de un remake hollywoodense y hasta de una secuela, debido a
su ambiguo final.
Monzón, quien se encuentra realizando ahora una comedia negra, no asegura
nada sobre el posible inicio de una franquicia.
"Es como decía Sean Connery: 'nunca haré James Bond', y acabó haciéndolo.
En principio no tengo interés en una secuela, pero quizás, no sé".
Así lo dijo:
"En estos momentos terribles de crisis, me gustaría meter en la celda número
211 a toda esa gente que ha jugado con la economía, con el dinero de forma
inconsciente, que tiene sus cuentas corrientes en paraísos fiscales y que es
culpable de que el resto de la humanidad viva tan mal".


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