Cimbra Haneke conciencias en la Cineteca


Suicidios colectivos, familias asesinadas o aterrorizadas, adolescentes adictos
a las imágenes sangrientas, mujeres sadomasoquistas, actos de violencia
anónimos...

En 21 años de carrera cinematográfica, Michael Haneke, uno de los mejores
cineastas de Europa, no se ha cansado de cimbrar conciencias con las
oscuras y terribles temáticas de sus filmes.

Desde hoy al 4 de julio, la Cineteca Nacional exhibirá una retrospectiva del
cineasta austriaco con 11 cintas, que incluyen sus películas más conocidas: La
Pianista y El Listón Blanco.

Él, por su parte, no se atreve a decir qué filme es el que mejor lo representa.

"Un buen padre ama a todos sus hijos. Cada película tiene algo diferente, en
cada una hay cosas que no me gustan y otras que sí.

"Pero le dejo al espectador formarse un juicio, porque no es mi tarea


















evaluarme a mí mismo", dice el realizador vía telefónica desde Viena.

Esa preferencia de permitir al público interpretar las cosas es, precisamente,
un sello en el cine del Haneke.

En Caché: El Observador Oculto (2005), por ejemplo, un hogar recibe
perturbadores videos anónimos sin enterarse nunca quién los envía. En El
Listón Blanco (2009), Palma de Oro en Cannes, una aldea protestante se
sumerge en una espiral de violencia que nadie sabe quién provocó.

"Si yo mismo contesto todas las preguntas que planteo; entonces, el
espectador saldrá de la película tal y como entró y se olvidará pronto de ella".

Cineasta cuya obra se mueve en los terrenos de la transgresión, Haneke
realiza un cine frío, ausente de banda sonora y lleno de planos fijos.

Aunque suele someter a sus personajes a torturas físicas y emocionales,
parejas o familias que, según la crítica, representan la decadencia de
occidente, Haneke insiste en que para él los personajes son simplemente
personajes, y sólo retrata el horror inherente al ser humano.

"Las ideas pertenecen a la filosofía o a la teoría. En las obras artísticas, las
ideas no tienen qué hacer".

Con todo y la dificultad del cine que realiza, Haneke se ha atrevido a
experimentar. En 2007, acompañado de Naomi Watts, llevó a Hollywood un
remake de Juegos Divertidos, una de sus cintas emblema sobre cómo un dúo
de inadaptados atormenta una familia.

Sin embargo, afirma, los estadounidenses no entendieron su cine, y no piensa
en repetir la experiencia.

A pesar de que dice que el cine determina su vida, Haneke ve en la ópera una
distracción privada, y le dará rienda suelta en 2013 cuando dirija Cosí Fan Tutte
en el Teatro Real de Madrid.

De momento, comenta el realizador de 68 años, se encuentra escribiendo su
siguiente película, igual de desencantada que las anteriores, pero no quiere
adelantar demasiado.

"Espero que la pueda filmar el próximo año, pero más no le puedo contar
porque todavía no la he escrito, y porque, sobre huevos que no han sido
puestos, por razones obvias, no se debe hablar".

Sabe de México lo necesario

El sólo dominar el alemán, hablar sin mucha seguridad el francés y entender a
medias el inglés, ha hecho que Michael Haneke no conozca tanto cine
mexicano como quisiera, salvo, según él, lo imprescindible.

"Conozco ¡Que Viva México!, de Eisenstein", dice el realizador austriaco.

"Conozco el trabajo del director más famoso de ahorita, de Babel y Amores
Perros, (Alejandro) González Iñárritu. Él es, ahora, el emblema del cine
mexicano, creo yo".
EspectáculosMéxico.com