Rinden homenaje póstumo al arreglista Daniel García Blanco


Con un concierto que incluyó la
participación de Tania Libertad, en la Casa de la Música Mexicana, se
llevó a cabo un homenaje póstumo a Daniel García Blanco, arreglista
que hizo significativos aportes a la enseñanza, investigación,
difusión y ejecución de los ritmos tradicionales del país.

Organizado por la Secretaría de Cultura y en colaboración con la
Sociedad Internacional de Valores de Arte Mexicano, el magno
concierto, que también contó con la presencia de alumnos de los
talleres que se imparten en este lugar, cautivaron al público
asistente.

Este inició con la pieza "La petenera", un son huasteco a cargo
de Adolfo Lugo, del taller Violín huasteco, que con gran virtuosismo
ejecutó la obra de una manera magistral.

Posteriormente, alumnos de los grados 1, 2 y 3 de la asignatura
"Canto grupal" interpretaron "Chiapas", de Alberto Domínguez.



















La velada musical continuó con Astrid Ramírez, acompañada por el
pianista James Demster, que ejecutó la canción "Amor eterno", a
través de la cual se le dio un tono romántico al acontecimiento.

Siguió el tenor José Adán Pérez, acompañado por la Orquesta
Típica de la Casa de la Música Mexicana, bajo la dirección de Jorge
Luis Aquino, quien interpretó "Júrame".

En tanto, Pedro Gutiérrez Acuña, del taller de Mariachi,
interpretó "La negra"; mientras que la soprano Martha Molinar hizo lo
propio con "La persecución de Villa".

Más tarde, Alejandra Fregoso y Mónica Reséndiz Alvarado se
dieron a la tarea de ejecutar la pieza "La rielera", canción
revolucionaria.

Siguieron las piezas "Adelita" y "México, lindo y querido", a
cargo de la Orquesta Típica de la Casa de la Música Mexicana, para
llevarse grandes ovaciones del público.

Para cerrar el magno concierto, Tania Libertad, acompañada por
la pianista Sonia Cornuchet, interpretó "Himno al amor", que a través
de su tesitura vocal, cautivó a los asistentes.

La historia del área que hoy ocupa la Casa de la Música Mexicana
comienza en la época prehispánica.

Este terreno se ubicaba a la orilla de la isla de Tlatelolco,
específicamente en el barrio de Atenantitech, que en náhuatl
significa a la orilla del bordo, paso obligado entre esta isla y la
de México-Tenochtitlan.

Además de ser un barrio habitado por la nobleza indígena también
fue escenario de continuos enfrentamientos entre estos dos pueblos.

Durante la Conquista española, los señores aztecas dirigieron
desde esta parte de la isla de Tlatelolco la defensa final de
Tenochtitlan.